Testimonianza Romano Gomez

PASTORAL VOCACIONAL

di Romano Gómez

1. La vocación

La palabra vocación viene del latín “vocare” que quiere decir “llamar”. El misterio de la vocación puede ser comprendido con la Parábola del Sembrador: «Salió un sembrador a sembrar, y de la semilla, parte cayó junto al camino, y viniendo las aves se la comieron. Otra cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol se agostó, y se secó porque no tenía raíz. Parte cayó entre cardos, pero éstos crecieron y la ahogaron. Finalmente otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta » (Mt 13, 3-8).

En la explicación de esta página del Evangelio se clarifica el actuar de Dios y la libertad del llamado en el responder o no a Dios. Dios, Padre es el sembrador; la Iglesia y el mundo son los campos donde se continúa esparciendo la semilla, sin exclusiones de ningún tipo de terreno. Se trata de un diálogo entre Dios y la persona humana. Dios, como interlocutor principal, llama a muchos pero pocos responden y pocos son los elegidos; porque el llamado de Dios respeta la libertad del hombre. De esta manera, la vocación es un don y una gracia de Dios pero que presupone la respuesta libre y generosa de parte del llamado.

El respeto de ambas libertades presupone, sin embargo, un gran valor y audacia para sembrar por doquier,  en el corazón de todos, la buena semilla del Evangelio a fin de suscitar en ellos el seguimiento generoso. Si no se tiene este valor será imposible llevar a cabo la pastoral vocacional. Esta imagen del Padre que siembra en los corazones de todos los hombres la semilla de la salvación es la misma imagen que se hace visible en el obrar de Jesús, el cual llama a todo tipo de personas algunas, aparentemente, inadecuadas para realizar su misión[1]. La Sagrada Escritura está llena de narraciones impresionantes de vocación que muestran el «don y el misterio de cada vocación»[2] y el encuentro de dos voluntades generosas que se mueven por el amor de donación: la de Dios que generosamente ofrece y la del hombre que generosamente se dona. En esta dinámica de generosidad se lee la vocación de Moisés (Ex 3), la de Isaías (Is 6), la de Jeremías (Jr 1), la de San Pablo (Hch 9; Ga 1) y, prolepticamente, la vocación de todos los discípulos del Señor[3].

En fin es necesario recordar que en toda vocación, Dios se dona a sí mismo, invitando al hombre a participar de toda la riqueza y plenitud de su vida.

2. Método de Jesús

Para llevar a cabo su misión, Jesús formó un grupo de discípulos a quienes invitó a experimentar su vida y misión. Esta invitación, con sus palabras «Ven y lo verás» (Jn 1,39), ha sido la regla de oro de toda pastoral vocacional, que se inspira en el modelo de pastoral vocacional de Jesús.

2.1 Jesús conoce

«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado: yo te constituí profeta de las naciones» (Jr 1,5). Así como Dios, Padre conoce de antemano y llama al profeta Jeremías a ser profeta de las naciones, así Jesús de la misma manera también conoce a Natanael: «Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”
Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,47-48). El conocer aquí, semánticamente, se refiere a quienes el Señor ha elegido y llamado para una misión particular. Este conocer no se aplica sólo a Natanael, sino que se puede intuir que fue el paso previo a la elección y llamada de cada uno de los discípulos de Jesús.

2.2 Jesús llama

Las narraciones evangélicas atribuyen el origen de la vocación a un encuentro personal con Jesús; su mirada y su palabra tocan lo más profundo del ser del llamado, de tal manera, que experimenta una alegría inexplicable y emprende un camino nuevo: Simón, Pedro y su hermano Andrés de simples pescadores son llamados por Jesús a convertirse en pescadores de hombres (Cf. Mc 1,17).  Jesús llama a los discípulos para que le sigan y estén con él, así el «estar con» será un rasgo que distinguirá a los llamados[4].

Los apóstoles no fueron llamados, en un primer momento, a aprender una doctrina o a llevar a los demás un mensaje. Ellos fueron llamados, sobre todo, a estar con Él. En un segundo momento, ellos deberán con su vida y predicación hablar de Él.

2.3 Jesús envía

La misión que el Señor les confía es hacer de todos, discípulos: vayan y hagan discípulos a todas las naciones, mediante el Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y mediante la enseñanza de lo que han aprendido de su estar con el Señor Jesús (Cf. Mt 28,16-20).

3. Condicionantes de la realidad actual en la pastoral vocacional

El Papa Benedicto XVI en la visita ad Limina de los obispos de la Conferencia Episcopal de Irlanda les manifestaba la preocupante situación de las vocaciones:

Por consiguiente, urge prestar atención a las palabras del Señor: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 37-38). Me alegra saber que muchas de vuestras diócesis han adoptado la práctica de la oración silenciosa por las vocaciones ante el santísimo Sacramento. Es necesario promoverla encarecidamente. Pero, sobre todo a vosotros, los obispos, y a vuestro clero, os corresponde ofrecer a los jóvenes una imagen positiva y atractiva del sacerdocio ordenado. Nuestra oración por las vocaciones se debe transformar en acción, a fin de que de nuestro corazón brote luego la chispa de la alegría en Dios, de la alegría por el Evangelio, y suscite en otros corazones la disponibilidad a dar su «sí»[5].

El fomento y cuidado pastoral de las vocaciones se ve amenazado por el cambio vertiginoso de la sociedad que vive cambios culturales imprevistos, y, al mismo tiempo, asiste al nacimiento de nuevas culturas, nuevos símbolos y nuevos estilos de vida.  Por otra parte, muchos pueblos del mundo son víctimas de un férreo laicismo y secularismo que va destruyendo el tejido social. En este escenario, la familia, cuna de la vocación, además de ser cuestionada por algunos sectores de la sociedad, ha perdido su influjo sobre el individuo, influencia que ejercen, ahora, los medios de comunicación, el mundo de la política, los amigos y, los ambientes donde el ser humano se desenvuelve[6].

Entre los condicionamientos culturales más complejos y determinantes se encuentran: el  subjetivismo y relativismo, que pone en riesgo la verdadera comprensión de la realidad, de la vida y de Dios; el secularismo, que tiene como fin separar a Dios de la vida pública y pretende «la sistemática eliminación de cuánto hay de cristiano[7]; el vacío existencial, que orienta a la esclavitud de los placeres y a una vivencia egoísta; la pérdida de sentido de la vida y la incontrolable imposición de modelos de realización contrarios a los valores éticos y morales.

Los jóvenes, hoy más que nunca, tienen oídos para escuchar con más atención el llamado de la «sociedad de consumo» y el «libertinaje sexual», que los hace dependientes y prisioneros de una interpretación individualista, materialista y hedonista de la existencia humana, que el llamado de Dios a que vivan como verdaderos discípulos. Ellos mismos buscan seguir el llamado insistente a un «bienestar» y a un «tener» puramente material, que pretenden lograr a cualquier costo, en detrimento del amor de donación. En esta condición existencial moderna no tiene cabida el sacrificio, el don de sí mismo y la renuncia para vivir los valores espirituales y religiosos.

En no pocos jóvenes se halla una ofuscación de su concepción de obediencia a Dios y a la Iglesia que viene frecuentemente sometida al relativismo subjetivo que tienen de la verdad. Y aunque no hay en, muchos, un rechazo explícito de Dios, no obstante, viven como si Dios no existiese  En estas circunstancias la libertad se vive como un asentimiento ciego a las fuerzas instintivas personales y a las voluntades secularistas que le manipulan en los diversos ámbitos en que se desenvuelve.

Ante estas circunstancias negativas, para llevar a cabo la pastoral vocacional, se podría correr el riesgo de que el cansancio y el desánimo llevaran al agente de pastoral a abandonar a los destinatarios, de esta pastoral, al arbitrio de su propia fragilidad psicológica[8].

Cualquier persona diría que, en este escenario actual, es imposible llevar a cabo una satisfactoria pastoral vocacional. No obstante, podemos traer a la mente el recuerdo de un coloquio que tuvo el Papa Benedicto XVI con los jóvenes de la Diócesis de Roma, como preparación a la XXI Jornada Mundial de la Juventud en la que el Papa compartió su propia experiencia vocacional. En aquella ocasión un joven de nombre Vittorio le dice al Papa:

En ese mismo Mensaje nos invita a no tener miedo de responder con generosidad al Señor, especialmente cuando propone seguirlo en la vida consagrada o en la vida sacerdotal. Nos dice que no tengamos miedo, que nos fiemos de él y que no quedaremos defraudados. Estoy convencido de que muchos de los que estamos aquí, y muchos de los que nos siguen desde su casa a través de la televisión, están pensando en seguir a Jesús por un camino de especial consagración, pero no siempre es fácil descubrir si ese es el camino correcto. ¿Nos quiere decir cómo descubrió usted cuál era su vocación? ¿Puede darnos consejos para comprender mejor si el Señor nos llama a seguirlo en la vida consagrada o sacerdotal? Muchas gracias.

El Papa Benedicto XVI le responde a ese joven:

Por lo que a mí se refiere, crecí en un mundo muy diferente del actual, pero, en definitiva, las situaciones son semejantes. Por una parte, existía aún la situación de «cristiandad», en la que era normal ir a la iglesia y aceptar la fe como la revelación de Dios y tratar de vivir según la revelación; por otra, estaba el régimen nazi, que afirmaba con voz muy fuerte: «En la nueva Alemania no habrá ya sacerdotes, no habrá ya vida consagrada, no necesitamos ya a esta gente; buscaos otra profesión».

Pero precisamente al escuchar esas «fuertes» voces, ante la brutalidad de aquel sistema tan inhumano, comprendí que, por el contrario, había una gran necesidad de sacerdotes. Este contraste, el ver aquella cultura antihumana, me confirmó en la convicción de que el Señor, el Evangelio, la fe, nos indicaban el camino correcto y nosotros debíamos esforzarnos por lograr que sobreviviera ese camino[9].

4. La pastoral vocacional

La pastoral vocacional se remota a los inicios del cristianismo, pero su comienzo orgánico con una dimensión eclesial tiene su punto de partida a partir del siglo XX con la Encíclica del Papa Pío XI: Ad catholici sacerdotii[10] y con la institución del Papa Pío XII de la Obra Pontificia de las Vocaciones. El Concilio Vaticano II en el decreto Optatam tutius pide que conforme a los documentos de la Iglesia en lo que se refiere a la pastoral vocacional, «organice, metódica y coherentemente, y promueva con celo y discreción toda la acción pastoral para el fomento de las vocaciones» (OT 2). Esta pastoral debe privilegiar no sólo a los candidatos al sacerdocio o a la vida consagrada sino, también, a la promoción de todas las vocaciones, conscientes de que en toda persona hay una llamada personal de Dios a la santidad[11]. La Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores dabo vobis, en los números 34-41presenta los elementos teológicos y prácticos de lo que debería constituir una verdadera pastoral vocacional[12].

La Obra Pontificia para las Vocaciones organizó el Congreso Europeo
sobre las Vocaciones al Sacerdocio y a la Vida Consagrada
en Europa, en mayo de 1997. Fruto de este congreso emanó un maravilloso documento: Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). La tercera parte de este documento conclusivo se dedicó a la pastoral vocacional[13].

La urgente necesidad de organizar una pastoral de las vocaciones amplia que llegue a todas las parroquias y centros educativos y a las familias es, también, una invitación del Papa Juan Pablo II en los albores del Tercer Milenio[14].

El Espíritu Santo suscita en la Iglesia diversidad de carismas. En lo que se refiere al nacimiento y formación de los discípulos misioneros ocupa un lugar particular la pastoral vocacional, que tiene como fin acompañar a todos los que el Señor llama a servirle a la Iglesia en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el estado laical.

El primer maestro de la pastoral de las vocaciones es el mismo Jesús. La manera como eligió y formó a sus discípulos llamándolos a estar con él es el punto de partida de toda pastoral de las vocaciones[15].

Toda la pastoral de la Iglesia debe «vocacionalizar» es decir, debe manifestar de manera clara e inequívoca un proyecto para todos y cada uno de los miembros de la comunidad eclesial, de tal manera que suscite el compromiso personal y el nacimiento de verdaderos discípulos misioneros. Hoy esto se manifiesta de tal manera que se puede afirmar que la pastoral vocacional es la vocación de la pastoral y constituye, quizá, su objetivo principal, como un desafío a la fe de todas las comunidades eclesiales.

La vocación es el grave problema de la pastoral actual. Por tanto, si la pastoral en general es «llamada» y «búsqueda de respuesta» de todos al Señor, hoy la pastoral vocacional, ante este desafío, debe ser más valiente y leal, más explícita para llegar al interior y al corazón de cada uno de los hombres; debe ser más personal y adaptada a la etapa de su vida.

La pastoral vocacional, de esta manera, acompañará cada una de estas etapas: la llamada a la vida, a la vida cristiana, a la donación de la vida en el seguimiento de Jesús y la llamada al testimonio de la propia vida de fe[16].

La pastoral vocacional es responsabilidad de todo el pueblo de Dios; pero de manera particular inicia en el seno de la familia y continúa en la comunidad cristiana. Esta pastoral prioritaria e insustituible tiene como primeros destinatarios a los niños y adolescentes; pero se dirige también a los jóvenes para ayudarlos a descubrir el sentido de la vida y el proyecto que Dios tiene para cada uno[17].

Esta animación vocacional en la Iglesia debe ser una propuesta valiente, de la cual deben tomar conciencia todos los responsables. Por eso el Papa Juan Pablo al inicio del Tercer Milenio nos recordaba:

Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado por la Cruz. Por eso, vibrando con su entusiasmo, no dudé en pedirles una opción radical de fe y de vida, señalándoles una tarea estupenda: la de hacerse «centinelas de la mañana» (cf. Is 21,11-12)[18].

En muchas ocasiones, esta propuesta vocacional, debe ser valiente e, incluso, ir contra corriente respecto a las expectativas del mundo, a favor de las necesidades de los jóvenes. No hay que tener miedo de mostrar este camino[19].

5. Tareas  y medios de la pastoral vocacional indicados en el Magisterio

5.1 Organizar la pastoral vocacional

En la Carta Apostólica Novo millennio ineunte el Papa Juan Pablo II manifiesta la urgencia de organizar la pastoral vocacional para que se enfrente a los desafíos de la nueva evangelización:

Es necesario y urgente organizar una pastoral de las vocaciones amplia y capilar, que llegue a las parroquias, a los centros educativos y familias, suscitando una reflexión atenta sobre los valores esenciales de la vida, los cuales se resumen claramente en la respuesta que cada uno está invitado a dar a la llamada de Dios, especialmente cuando pide la total entrega de sí y de las propias fuerzas para la causa del Reino[20].

5.2 Promover todas las vocaciones

Si bien es necesario promover todas las vocaciones enraizadas en la riqueza de la vida nueva recibida en el Bautismo, la pastoral vocacional tiene un cuidado especial en promover, suscitar y acompañar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada porque estas son urgentes y primordiales para la evangelización, ya que cada día aumenta el pueblo de Dios, y  a su vez son pocos quienes responden a la invitación de Jesús a consagrarse en una entrega total en el servicio al pueblo. «La mies es mucha y los obreros pocos» (Lc 10,1-2).

En este contexto mismo contexto, como afirma el Papa Juan Pablo II, retomando las enseñanzas del Concilio: es necesario que la Iglesia descubra cada vez mejor la vocación propia de los laicos, llamados a «buscar el reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios» (LG 31) y a llevar a cabo «en la Iglesia y en el mundo la parte que les corresponde […] con su empeño por evangelizar y santificar a los hombres»[21].

5.3 Acompañar a los niños, adolescentes y jóvenes

El promotor vocacional tiene como tarea acompañar a los niños, adolescentes, jóvenes y, en ocasiones, también a algunos adultos a iniciar un serio proceso de discernimiento vocacional[22], pues la pastoral vocacional se integra en el ámbito de la pastoral ordinaria en las familias, en la parroquia, en las escuelas católicas y en las demás instituciones eclesiales[23]. En estos ambientes es donde nacen las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y donde todo cristiano responde a la vocación de discípulo misionero[24].

5.4 Llamar

Es necesario que el animador de la pastoral vocacional no tema hacer la invitación, a los niños, adolescentes y jóvenes, de vivir su vocación al Bautismo con generosidad para transformar las realidades temporales con su testimonio y vida cristiana. Pero no debe temer, tampoco, proponer la vocación a la vida sacerdotal y a la vida consagrada.

5. 5 Orar al dueño de la mies

El Papa Paulo VI, en un radiomensaje, siguiendo la invitación de Jesús, de orar al dueño de la mies a fin de que envíe trabajadores a su mies[25], dio inició a las Jornadas Mundiales de Oración por las Vocaciones[26].

Uno de los principales medios para promover las vocaciones es la oración incesante, esa invocación de la iniciativa divina, que es necesario intensificar en las familias y en las parroquias, en los movimientos y en las asociaciones entregadas al apostolado, en las comunidades religiosas y en todas las estructuras de la vida diocesana. Es necesario rezar para que en todo el pueblo cristiano crezca la confianza en Dios, convencido de que el «dueño de la mies» no deja de llamar a algunos a que entreguen libremente su vida para colaborar más estrechamente con Él en la obra de la salvación. Y de quienes son llamados, se requiere: escucha atenta y prudente discernimiento, adhesión generosa y docilidad al designio divino, profundización seria en lo que es propio de la vocación sacerdotal y religiosa para corresponder a ella de manera responsable, convencida[27].

Esta oración ha de ser elevada como una práctica constante de toda la comunidad cristiana y desde todos los rincones de la tierra para suplicar al Señor que suscite nuevas vocaciones (Cf. PDV 38).

La oración, también, es el camino para el discernimiento vocacional, porque es en la escucha de Dios donde el creyente puede llegar a descubrir el proyecto que Dios mismo ha diseñado para él [28].

Uno de los medios privilegiados en el acompañamiento vocacional lo constituye la lectio divina, que ayuda a formar la personalidad y propiciar un encuentro con Jesucristo vivo (Cf. DA 447c).

5.6 Acrecentar la vida sacramental

Para favorecer la escucha del llamado de Dios es importante la participación en la Eucaristía y en el Sacramento de la Reconciliación; porque una vocación sincera exige la conversión, que es obra de la gracia de Dios, y

–  La participación frecuente de los sacramentos de la Eucaristía y de la confesión.

–  La catequesis.

–  La devoción mariana.

–  El acompañamiento en la dirección espiritual.

–  Un compromiso misionero concreto.

6. Fundamentos de la pastoral vocacional

6.1 La vocación define la identidad de la Iglesia

La Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis afirma que la vocación define el ser profundo de la Iglesia, incluso antes que su actuar, porque en el mismo vocablo de Iglesia (Ecclesia) se indica su fisonomía vocacional, es decir, la asamblea formada e integrada por los «llamados». De esta manera «una lectura propiamente teológica de la vocación sacerdotal y de su pastoral, puede nacer sólo de la lectura del misterio de la Iglesia como mysterium vocationis»[29].

La pastoral de las vocaciones, por su naturaleza, es una actividad que tiene como fin el anuncio de Cristo y la evangelización de los creyentes en Cristo; porque para testimoniar la fe en Cristo, Jesús se necesitan discípulos misioneros diligentes y preparados. Por esta razón se concluye que la pastoral vocacional no es una praxis accesoria o secundaria para reclutar agentes pastorales, ni una acción aislada motivada por la crisis vocacional, sino una actividad unida al ser de la Iglesia[30].

6.2 La primacía de la vida en el Espíritu

La primacía de la vida en el Espíritu está a la base de toda pastoral vocacional. Esto exige la superación del pragmatismo y de aquella superficialidad estéril que conduce a olvidar la vida teologal de la fe, de la esperanza y de la caridad. La escucha profunda del Espíritu es el nuevo hálito que impulsa y vivifica toda acción pastoral de la comunidad eclesial.

La santidad es la vocación universal de todos los hombres y a su vez es el punto central donde convergen los diversos senderos de las vocaciones particulares. Por tanto, la obra del Espíritu para estos tiempos de la historia es la santidad de los llamados. El Espíritu es el faro interior que muestra el verdadero y más pleno camino para responder de manera generosa al llamado del Señor; porque el Espíritu nos enseñará todo y nos recordará lo que Jesús dijo e hizo, más aun, nos guiará hacia la verdad plena (Cf. Jn 14,26; 16,13).  De este modo, el Espíritu llega a ser el animador de toda vocación.

Pero sobre todo el Espíritu preparará a al cristiano para dar testimonio «El dará testimonio de mí, y vosotros daréis también testimonio» (Jn 15,26-27). De esta manera, cada llamado tendrá la alegría, el coraje y la valentía de guardar a Jesús en su corazón y de anunciarle a Él como vida del mundo sin temor de entregar toda su vida por Él y sus hermanos[31].

6.3 El testimonio suscita vocaciones

Para promover las vocaciones específicas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigorosa y creíble la llamada vocacional, es indispensable que los niños, adolescentes y jóvenes no sólo escuchen la voz del llamado de Dios a través del sacerdote o consagrado, sino vean en todas las acciones que realizan la alegría de haber dicho «sí» a Dios y al proyecto de vida que Él Señor Jesús puso en sus manos. Como afirma el Papa Benedicto XVI: «El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animará a los jóvenes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro»[32].

Esta fecundidad vocacional tan deseada por todos los miembros de la Iglesia, afirma el Papa Benedicto XVI, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero encuentra un terreno fértil cuando es favorecida por el testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo[33].

La vocación del apóstol, Pedro, según escribe el evangelista Juan, pasó a través del testimonio de su hermano Andrés, el cual, después de haber encontrado al Maestro y haber respondido a la invitación de permanecer con Él, sintió la necesidad de comunicarle a Pedro su experiencia: «Hemos encontrado al Mesías —que quiere decir Cristo— y lo llevó a Jesús» (Jn 1, 41-42)[34].

No hay otra acción más entusiasmaste para quienes escuchan el llamado del Señor, Jesús, que un testimonio apasionado de la propia vocación. El sacerdote y el consagrado que han respondido con generosidad y alegría a su vocación sienten el anhelo y deseo de que otros, que han recibido el llamado, se animen a seguir este camino, porque nada es más lógico y coherente en una vocación que engendrar otras vocaciones, lo que los convierte, con todo derecho, en «padres» y «madres»[35].

La historia de cada vocación va unida casi siempre al testimonio de un sacerdote o de un santo que entregó su vida a Dios y a sus hermanos. Por otra parte, la de tantas vocaciones, surgidas incluso en tierna edad, demuestran ampliamente el valor providencial de la cercanía de un testimonio concreto y gozoso y de la palabra de un sacerdote, de un religioso, de un padre de familia o de un fiel cristiano, acciones capaces  de suscitar interrogantes y conducir a decisiones incluso definitivas a los adolescentes o jóvenes[36]. Por el contrario, el mal ejemplo no sólo confunde y escandaliza a los cristianos sino que  desalienta a quienes sienten el llamado de Dios.

El Papa Benedicto XVI dijo a los sacerdotes de Aosta: «si los jóvenes ven sacerdotes muy aislados, tristes, cansados, piensan: si este es mi futuro, no podré resistir. Se debe crear realmente esta comunión de vida, que convenza a los jóvenes: “sí, este puede ser un futuro también para mí, así se puede vivir”»[37].

7. Agentes de la pastoral vocacional

Aunque como precisó Santo Tomás de Aquino la vocación surge por un apelo gratuito, «misterioso» e interior de parte de Dios en el corazón y en la mente del hombre, tal apelo en algunas ocasiones se manifiesta exteriormente por una mediación humana[38]. Juan Bautista es el mediador entre sus discípulos y Jesús, el Cordero de Dios (Cf. Jn 1,35-36); Andrés entre Simón y el Mesías (Cf. Jn 1,41). Todo cristiano, pero principalmente los sacerdotes y consagrados, son llamados a ser instrumentos de la presencia del Señor[39].

Aunque la Iglesia entera está llamada a trabajar en la Pastoral Vocacional, no todos lo hacen de la misma manera.

7.1 El Espíritu Santo

Es, precisamente, en el Espíritu, en efecto, donde todo cristiano descubre su completa originalidad, la singularidad de su llamada, y, al mismo tiempo, su natural e imborrable tendencia a la unidad. Es en el Espíritu donde las vocaciones en la Iglesia son tantas, siendo todas ellas una misma única vocación a la unidad del amor y del testimonio. Es también la acción del Espíritu la que hace posible la pluralidad de las vocaciones en la unidad de la estructura eclesial: las vocaciones en la Iglesia son necesarias en su variedad para realizar la vocación de la Iglesia, y la vocación de la Iglesia —a su vez— es la de hacer posibles y factibles las vocaciones de y en la Iglesia. Todas las diversas vocaciones, pues, tienden hacia el testimonio del ágape, hacia el anuncio de Cristo único salvador del mundo.

7.2 María, madre y modelo de cada vocación

María es la imagen de la elección divina y de respuesta confiada y generosa de toda criatura. Llamado que aparentemente rebasa las fuerzas y expectativas del ser humano y que le pide, en un ambiente de absoluta libertad, sólo una respuesta: la confianza. Y María le responde al Señor: «hágase en mí según tu Palabra». Es por eso que maría es, también, el modelo en la manera de responder al llamado de Dios. Ella es la muestra de todas las maravillas que Dios puede realizar cuando la persona en total libertad le entrega toda su vida y proyectos al Señor. Así como María siguió el camino de la fe y confianza, al pronunciar su «sí», que le acompañó a lo largo de su vida y libremente eligió seguir una senda que la conduciría hasta los pies de la cruz y a la recepción del Espíritu vivificador, así todo cristiano, como ella, es llamado a tomar la cruz y a ponerse en camino hacia la verdad plena[40].

7.3 La Iglesia, madre de vocaciones

Para un fecundo despertar vocacional es indispensable que exista una comunidad viva, apostólica, orante y que posea vigor misionero[41].

La Iglesia es madre de vocaciones porque las hace nacer en su seno y, por el poder del Espíritu, las protege, las alimenta y las sostiene. Es madre, en particular, porque ejerce una preciosa función mediadora y pedagógica. La Iglesia, que ha sido llamada por Dios, constituida en el mundo como comunidad de llamados, es a su vez instrumento de la llamada de Dios. Por medio de esta llamada, en sus varias formas, discurre también el llamamiento de Dios. Esta función mediadora, la Iglesia la ejercita cuando ayuda y estimula a cada creyente a adquirir conciencia del don recibido y de la responsabilidad que el don conlleva consigo y cuando se hace intérprete autorizado de la llamada explícita vocacional.

La Iglesia realiza, también, esta función cuando ella misma llama, exponiendo las necesidades vinculadas a su misión y a las exigencias del pueblo de Dios y cuando, puesta en actitud humilde de oración, pide al Padre el don del Espíritu para que suscite el asentimiento de los llamados; porque la Iglesia debe acoger cada día la invitación persuasiva y exigente de Jesús, que nos pide que «roguemos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38).

La crisis vocacional de los llamados es también, hoy, crisis de los que llaman, acobardados y poco valientes a veces. Si no hay nadie que llama, ¿cómo podrá haber quien responda? [42].

7.4 El Obispo, primer responsable de la pastoral vocacional

Los primeros responsables de la pastoral vocacional, por ministerio, por encargo o autoridad son los obispos en su Iglesia particular. Él está llamado a realizar esta tarea en primera persona, aunque podrá y deberá suscitar abundantes tipos de colaboraciones. «Él se preocupará de que la dimensión vocacional esté siempre presente en todo el ámbito de la pastoral ordinaria, es más, que esté plenamente integrada y como identificada con ella. A él compete el deber de promover y coordinar las diversas iniciativas vocacionales»[43], sin escatimar sacrificio alguno[44].

Podemos hacer un elenco de algunas de las tareas que le competen al Obispo para realizar su ministerio del cuidado de las vocaciones:

1)    La oración al Padre para que envíe operarios a su mies.

2)    La celebración de la Eucaristía por la comunidad cristiana.

3)    El testimonio. El Obispo, implorando la gracia del Espíritu del Señor, lleva a cabo la imprescindible e irremplazable tarea de dar testimonio de su propia vocación y de hacer presente el amor del Señor (Cf. LG 9b).

4)    La llamada valiente dirigida a quienes pueden entregar su vida, principalmente: adolescentes y jóvenes.

5)    El cuidado de que todas las instancias diocesanas, sobre todo, juveniles y de pastoral familiar, se interesen con empeño por las vocaciones.

6)    Es propio también del Obispo, en fin, cuidar la vida de sus sacerdotes, para que aparezca en medio de la Iglesia como «un valor inestimable y una forma espléndida y privilegiada de vida cristiana» (PDV 39), y disipar dudas, prejuicios e ideas equivocadas que la cultura ambiente puede inocular en la mente de los fieles a este respecto[45].

7.5 La parroquia, centro de animación y promoción vocacional

La parroquia es el primer centro de animación de todas las vocaciones, porque en ésta los jóvenes descubren cómo se construye una comunidad de fraternidad, en la escucha de la palabra de Dios, en los sacramentos y en el apostolado.

En la comunidad parroquial un catequista o un agente de pastoral si vive con intensidad el misterio de la Eucaristía y el camino de la oración y de fe en su familia y en la sociedad puede favorecer el surgimiento de la vocación depositada en el corazón de un niño, un adolescente o un joven[46]. En este sentido es muy importante el testimonio de todos los miembros de la comunidad.

En la comunidad parroquial, el párroco es el encargado principal de promover las vocaciones, para garantizar este fin es de desear que forme a un grupo parroquial para que trabaje en la promoción de todas las vocaciones, teniendo un cuidado especial en la promoción de la vocación sacerdotal y a la vida consagrada; impregnando, también, del espíritu vocacional todas las actividades parroquiales, la acción de las diversas pastorales y sus grupos, y todas las celebraciones, creando así una cultura vocacional en la comunidad parroquial.

El grupo parroquial de pastoral vocacional tendrá como tarea la animación vocacional, fomentando ante todo la oración constante de la comunidad para que el Señor envíe operarios a sus campos, así como otras actividades para promover las vocaciones sacerdotales y consagradas en la parroquia y acompañar a las vocaciones a la vida laical en sus diferentes formas.

7.6 Los sacerdotes y consagrados

El decreto Presbyterorum ordinis recuerda a los sacerdotes, que, en cuanto educadores en la fe, procuren personalmente, o por medio de otros, que cada uno de los fieles sea conducido en el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio (Cf. PO 6).

El Papa Benedicto XVI hace la invitación de que en manera delicada y respetuosa, pero clara y valiente hagamos una peculiar invitación a los jóvenes y a las jóvenes que parecen más atraídos y fascinados por la amistad con Jesús[47].

La vocación como precisaba Santo Tomás de Aquino surge por un apelo gratuito, «misterioso» e interior de parte de Dios en el corazón y en la mente del hombre. Tal apelo, sin embargo, no se manifiesta sólo interiormente (interior per infusionem gratiae), sino, también, exteriormente por medio de los sacerdotes y consagrados (exterior per vocem praedicatoris)[48].

La vocación puede ser suscitada del empeño que ponga el sacerdote en el acompañamiento de los jóvenes y en la atención que preste a su propia vocación[49].

Los sacerdotes viven la promoción vocacional en su misma persona cuando son un testimonio vivo de fe, de vida evangélica, de fervor apostólico, de caridad verdadera; cuando viven movidos por la esperanza y el optimismo cristiano. Cuando los niños, adolescentes y jóvenes ven ese ejemplo de alegría en su  ministerio sienten el deseo de estar con ellos y de ser como ellos[50].

7.6 La escuela y universidad católica

Lo que distingue a las escuelas y universidades católicas de otros ámbitos educativos es la dimensión pastoral que busca, no sólo educar en las ciencias humanas para lograr la personalización y la humanización integral de la sociedad sino, evangelizar a todos sus miembros para que ellos mismos lleguen a ser evangelizadores. De esta manera escuelas y universidades, si quieren atender pastoralmente a sus alumnos tendrán que cuidar en ellos: la madurez humana, el crecimiento espiritual, el desarrollo cultural y profesional (vocación específica), la integración con las comunidades parroquiales y la formación del discípulo misionero.

Estos espacios de cultura religiosa y humana son lugares donde los niños, adolescentes y jóvenes viven la libertad de su fe frente a un mundo secularista y laicista que impera en muchos centros educativos[51].

El mundo académico, como todo ambiente de praxis eclesial, comprende la dimensión vocacional, que si es cuidada, podrá ser un ambiente propicio para el nacimiento de nuevas vocaciones, pero, que si no se toma con la debida seriedad, podría obstaculizar el surgimiento y continuidad de las vocaciones.

Estos ambientes educativos deberían favorecer una cultura y una pastoral abierta, sensible y dirigida por una visión de la vida como vocación con el fin de crear una cultura vocacional que asegure las condiciones necesarias para el nacimiento, acompañamiento y consolidación de la vocación cristiana en general, a la vida consagrada y sacerdotal; porque toda persona es llamada a ser de un modo particular y a desarrollar una misión en la sociedad. «Dejar paso en el proyecto educativo a la clave vocacional de la persona marca un estilo de educación mucho más motivador para la persona misma y mucho más prometedor para la sociedad»[52].

Tratándose de las escuelas católicas, en su proyecto educativo, procuran evitar toda separación entre el aprendizaje y la educación con el fin de favorecer en cada persona la dimensión vocacional. De esta manera las asignaturas no presentan sólo conocimientos a adquirir sino también valores a asumir y motivaciones que les ayudan a discernir su propia vocación.

La promoción de la cultura vocacional en las escuelas y universidades católicas debe, también, contemplar a los maestros y profesores. Se necesitan educadores que no sólo posean conocimientos y aptitudes sino que sean conscientes de su misión educativa integral, que sean formadores de personas. En esta línea, el testimonio de una vida cristiana es imprescindible[53].

7.6 La familia, agente privilegiado de la pastoral vocacional

La familia cristiana es contemplada por el Concilio como «el primer seminario»: El deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, pero principalmente a las familias, que con una vida totalmente cristiana, llenas de espíritu de fe, de caridad y de piedad, son como el primer seminario (Cf OT 2).

El Papa Pío XI en su Carta Encíclica dirigida a los Sacerdotes: Ad cathlici sacerdotii, confirma la importancia trascendental de la familia católica para el fomento y nacimiento de nuevas vocaciones:

El jardín primero y más natural donde deben germinar y abrirse como espontáneamente las flores del santuario, será siempre la familia verdadera y profundamente cristiana. La mayor parte de los obispos y sacerdotes santos, cuyas alabanzas pregona la Iglesia (Cf. Eclo 44,15), han debido el principio de su vocación y santidad a los ejemplos y lecciones de un padre lleno de fe y virtud varonil, de una madre casta y piadosa, de una familia en la que reinaba soberano, junto con la pureza de costumbres, el amor de Dios y del prójimo. Las excepciones a esta regla de la providencia ordinaria son raras y no hacen sino confirmarla.

Cuando en una familia los padres, siguiendo el ejemplo de Tobías y Sara, piden a Dios numerosa descendencia que bendiga el nombre del Señor por los siglos de los siglos (Cr. Tb 8,9) y la reciben con acción de gracias como don del cielo y depósito precioso, y se esfuerzan por infundir en sus hijos desde los primeros años el santo temor de Dios, la piedad cristiana, la tierna devoción a Jesús en la eucaristía, y a la Santísima Virgen, el respeto y veneración a los lugares y personas consagrados a Dios; cuando los hijos tienen en sus padres el modelo de una vida honrada, laboriosa y piadosa; cuando los ven amarse santamente en el Señor, recibir con frecuencia los santos sacramentos, y no sólo obedecer a las leyes de la Iglesia sobre ayunos y abstinencias, pero aun conformarse con el espíritu de la mortificación cristiana voluntaria; cuando los ven rezar, aun en el mismo lugar doméstico, agrupando en torno a sí a toda la familia, para que la oración hecha así, en común, suba y sea mejor recibida en el cielo; cuando observan que se compadecen de las miserias ajenas y reparten a los pobres de lo poco o mucho que poseen, será bien difícil que tratando todos de emular los ejemplos de sus padres, alguno de ellos a lo menos no sienta en su interior la voz del divino Maestro que le diga: «Ven, sígueme (Mt 14,21), y haré que seas pescador de hombres» (Mt 14,18). ¡Dichosos los padres cristianos que, ya que no hagan objeto de sus más fervorosas oraciones estas visitas divinas, estos mandamientos de Dios dirigidos a sus hijos (como sucedía con mayor frecuencia que ahora en tiempos de fe más profunda), siquiera no los teman, sino que vean en ellos una grande honra, una gracia de predilección y elección por parte del Señor para con su familia![54].

Ya en la época del Papa Pío XI se experimentaba, por el contrario, el mismo problema que se vive en la actualidad: el rechazo de algunos padres de familia a que el hijo responda el llamado del Señor con la entrega total de su vida:

Preciso es confesar, por desgracia, que con frecuencia, con demasiada frecuencia, los padres, aun los que se glorían de ser sinceramente cristianos y católicos, especialmente en las clases más altas y más cultas de la sociedad, parece que no aciertan a conformarse con la vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos, y no tienen escrúpulo de combatir la divina vocación con toda suerte de argumentos, aun valiéndose de medios capaces de poner en peligro no sólo la vocación a un estado más perfecto, sino aun la conciencia misma y la salvación eterna de aquellas almas que, sin embargo, deberían serles tan queridas[55].

Ahora que hemos cruzado el tercer milenio estas condiciones se han vuelto más difíciles porque la familia en el mundo actual, sobre todo, en los países de occidente experimenta un fuerte influjo del secularismo y relativismo. En muchas culturas aparecen formas alternativas a la familia canónica: familias monoparentales, familias reconstruidas, parejas de hecho, uniones sentimentales e, incluso, uniones contrarias al proyecto divino. En algunas naciones hay una lucha incansable por descomponer la familia con nuevas ideologías como la «ideología de género», que ha emprendido una batalla abierta contra la vida, la familia y la sociedad religiosa. Los obispos reunidos en Aparecida, Brasil, advirtieron de esta amenaza:

«Entre los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar encontramos la ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia» (DA 40).

En conclusión, la familia ha sufrido en los últimos años cambios rápidos y profundos que afectan a la familia como terreno propicio para el nacimiento de vocaciones: disminución de los hijos, cambio en el sistema de valores tanto de los padres como de los de los hijos, disminución de los valores éticos, morales y religiosos, ausencia de la madre en el hogar a causa de su inserción en el mundo del trabajo, falta de estabilidad debido al aumento de las separaciones y divorcios[56].

Otro factor negativo, que ha influido en la familia para cumplir con su tarea de ser terreno fértil para todo tipo de vocación, ha sido el deterioro que ha sufrido la imagen del sacerdote o consagrado, por algunos medios de comunicación social, que si bien han basado sus informes en hechos reales, éstos son casos aislados que no puede afirmarse que definan el ser y quehacer de tantos sacerdotes o consagrados, que contrario a estos hechos, viven su vocación santamente.

El cuadro descrito en estas líneas nos podría conducir al pesimismo y a la tentación de pensar que ya no se puede contar con la familia como el lugar propicio para el surgimiento de vocaciones. Es precisamente en esta coyuntura histórica en que la pastoral vocacional debe contar con la mediación vocacional que puede proporcionar la familia católica, ofreciendo un clima de fe que garantice la libertad de los hijos frente a las opciones de vida[57].

8. Itinerarios vocacionales

8.1 Pastoral vocacional con niños

Cuando el sacerdote se muestra con los niños y adolescentes como un padre y pastor misericordioso; cuando celebra la Eucaristía con verdadera fe y devoción es capaz de comunicarles el «asombro eucarístico» y suscitar en ellos el deseo de ser sacerdotes o religiosos. Esta ha sido la historia de innumerables vocaciones. Es por esto que el Papa Juan Pablo II pedía, particularmente, a los sacerdotes de que entre sus múltiples iniciativas, atendieran especialmente a los monaguillos que son «como un vivero de vocaciones» y puede llegar a ser una especie de preseminario, donde reciban formación humana, espiritual y litúrgica y cada uno de ellos aprenda a amar cada vez más al Señor Jesús. En esta tarea pueden colaborar los papás y los catequistas más sensibles a esta necesidad.

El testimonio es el mejor método de promoción vocacional porque los monaguillos se encuentran regularmente con el sacerdote y pueden contemplar como en las manos del sacerdote se manifiesta el milagro de la Eucaristía y pueden intuir en el corazón de cada sacerdote el amor generoso de la entrega[58].

Si sucede que el monaguillo ve cosas que no están bien en el mundo, debe entender que es una razón más para empeñarse él mismo para construir, con sus propias manos y su corazón puro, un mundo nuevo, en el que se pueda vivir con alegría. Por lo tanto si ya ha sentido alguno que Dios lo llama es necesario que responda con valentía y que sea generoso; porque el Señor tiene necesidad de que más niños y adolescentes le respondan al Señor[59].

Esta misma invitación se encuentra en la Instrucción Redemptionis Sacramentum:

Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz[60].

8.2 Pastoral vocacional con adolescentes y jóvenes

El Papa Juan Pablo II ya indicaba que todo proyecto de pastoral juvenil debe tener como finalidad propiciar la madurez en un diálogo personal, profundo y decisivo del joven con el Señor. De esta manera, la dimensión vocacional es una parte integrante de toda pastoral juvenil, ahí encuentra su espacio vital. La pastoral juvenil será completa y eficaz cuando se abra a la dimensión vocacional. Y ¿qué decir de la adolescencia?[61]

En la adolescencia se manifiesta, en efecto, una natural predisposición al descubrimiento de lo nuevo, de lo verdadero, de lo bello y de lo bueno; es en esta edad cuando se tienen las primeras experiencias que marcarán las etapas sucesivas hacia la interiorización de la fe. La comunidad cristiana tiene mucho que decir y que dar a los muchachos que viven esta novedad, porque precisamente el evangelio de la vocación puede dar una respuesta a los interrogantes, a las expectativas, a las inquietudes de los adolescentes y de los jóvenes[62].

La pastoral vocación debe estar en el centro de toda pastoral juvenil, porque, como subraya el Papa, les corresponde a ellos reflexionar sobra su propio futuro y ponerse en camino para buscar la propia vocación. Para esto necesitan del ejemplo y el testimonio de los testigos de la fe, verdaderamente, comprometidos en el Iglesia y en el mundo.

El contacto con los sacerdotes, religiosos y matrimonios les ayudará en el deseo de ser santos y en la búsqueda de la vocación específica a la cual el Señor los ha llamado[63].

Un medio insustituible lo constituye la preparación seria y cuidadosa de la catequesis de Confirmación para adolescentes y jóvenes; para que en un momento determinado, habiendo manifestado una madurez espiritual puedan por la fuerza del Espíritu Santo pronunciar su «amén», signo de entrega total al Señor. Se trata de confirmar y renovar la fidelidad vocacional a la propia identidad de hijos de Dios.

«Este  amén es un sí también a la Iglesia. En la Confirmación el joven declara que se hace cargo de la misión de Jesús continuada por la comunidad. Comprometiéndose en dos direcciones, para dar realidad a su  amén: el testimonio y la misión. El confirmando sabe que la fe es un talento que hay que negociar; es un mensaje que transmitir a los otros con la vida, con el testimonio coherente de todo su ser; y con la palabra, con el valor misionero de difundir la buena nueva. Y finalmente, este « amén » manifiesta la docilidad al Espíritu Santo en pensar y decidir el futuro según el designio de Dios. No sólo según las propias aspiraciones y aptitudes; no sólo en los tiempos puestos a disposición por el mundo; sino, sobre todo, en sintonía con el designio, siempre inédito e imprevisible, que Dios tiene sobre cada uno[64].

9. Pastoral vocacional en la Arquidiócesis de Guadalajara, Jalisco

La pastoral vocacional, en la Arquidiócesis de Guadalajara, ha procurado acompañar a cada cristiano para lograr que descubra y viva su vocación específica. Si bien la pastoral vocacional promueve todas las vocaciones tiene como tarea prioritaria: suscitar, promover y acompañar las vocaciones a la vida sacerdotal y vida consagrada.

9.1 Agentes

1)      Presbiterio: A lo largo del año se hace la invitación a los sacerdotes y religiosos para asistir a reuniones por decanatos, donde se imparten temas vocacionales.

2)      Religiosas: Algunas congragaciones religiosas invitan a la Comisión de pastoral vocacional para impartir algunos temas de formación permanente en el aspecto vocacional.

3)      Laicos: Se ha tratado de seguir motivando para que en cada parroquia exista el equipo de animación vocacional. Será éste, dirigido por los sacerdotes, el que promueva en la comunidad acciones vocacionales.

9.2 Formación

1)        Todos los promotores vocacionales de las distintas congregaciones y representantes de equipos parroquiales se reúnen el primer sábado de cada mes para orar, recibir formación y organizar el trabajo por decanatos o vicarias.

2)        Cada año se elige una semana para impartir un curso básico de pastoral vocacional.

3)        Por deanatos se debe tener una escuela de agentes de pastoral vocacional.

9.3 Acompañamiento

1)        Para varones con inquietudes vocacionales a la vida religiosa  y misionera. Se realizan tres convivencias vocacionales y al final una Pre-vida Religiosa.

2)        Las Religiosas de vida contemplativa realizan una Pre-vida Religiosa en el mes de julio.

3)        Las consagradas de vida activa, realizan varios Pre-vida Religiosa por vicarias y uno en el mes de julio.

4)        El seminario diocesano:

  • Realiza una convivencia y un torneo de acólitos anual para propiciar el conocimiento del Seminario.
  • Pre-seminario en la Pascua para quienes terminan sexto año de primaria y tienen alguna inquietud vocacional.
  • Pre-seminario para distintas edades en el mes de julio.
  • Se vive la experiencia de los seminaristas en Familia, que a su vez en las escuelas o parroquias, donde viven y estudian, ellos mismos se convierten en mediadores en la vocación de otros coetáneos suyos.
  • Durante el verano, las misiones o vacaciones de comunidad, son una ocasión para que los seminaristas entren en contacto con las familias, niños, adolescentes y jóvenes. Este ha sido un medio muy propicio para que se susciten nuevas vocaciones. Muchos sacerdotes deben su vocación a algún seminarista entusiasta que les comunicó su experiencia.

9.4 Itinerarios de la pastoral vocacional

1)        La familia: «Semillero de vocaciones». En las parroquias se promueven las «Familias vocacionales», que se comprometen  a orar por las vocaciones, asistir a la misa vocacional e invitar a otra familia vocacional.

2)        La catequesis: La catequesis, en muchas ocasiones por el buen testimonio de los sacerdotes y seminaristas, despierta en los niños y adolescentes  el deseo de entregar su vida al Señor Jesús. Se invita sobre todo a los que se están preparando a la Confirmación, ofreciéndoles retiros vocacionales.

3)        Los grupos juveniles: Para ayudarles a despertar, animar, orientar y acompañar su opción vocacional, se ofrecen retiros vocacionales, pre-vidas, pre-seminarios y convivencias.

4)        La escuela: Como centros de transmisión de valores debe de tener un sentido fuertemente vocacional, se les ofrecen jornadas vocacionales.

5)        La parroquia: Como ámbito y centro primario de animación de todas las vocaciones.

  • Se promueve la oración por las vocaciones:
    • Oración vocacional después de misa.
    • Hora santa vocacional (jueves)
    • Misa vocacional mensual (jueves terceros)
  • Se realizan talleres de pastoral vocacional con el equipo coordinador básico o con todos los agentes de pastoral.
  • Se realizan jornadas vocacionales con todos a distintos niveles.
  • Se lleva a cabo la celebración de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el cuarto domingo de pascua. En la diócesis se edita un folleto especial para la jornada que contiene:
    • Mensaje del Papa.
    • Cinco temas vocacionales.
    • Hora santa vocacional.
    • Moniciones y preces para  las Eucaristías del domingo.

La pastoral vocacional, por la ayuda y gracia de Dios, ha visto su fruto año con año, en los cientos de adolescentes y jóvenes que manifiestan inquietudes vocacionales. Por último, es importante mencionar que la personalidad del Papa Juan Pablo II y su testimonio han propiciado el aumento de vocaciones en las diversas visitas que hizo a nuestro país. Su beatificación, seguramente también, fue motivo para que muchos otros descubrieran al Señor Jesús como una razón válida para entregar su vida al Señor.

Índice

PASTORAL VOCACIONAL.. 1

1. La vocación. 1

2. Método de Jesús. 2

3. Condicionantes de la realidad actual en la pastoral vocacional 3

4. La pastoral vocacional 6

5. Tareas  y medios de la pastoral vocacional indicados en el Magisterio. 8

6. Fundamentos de la pastoral vocacional 10

6.1 La vocación define la identidad de la Iglesia. 10

6.2 La primacía de la vida en el Espíritu. 11

6.3 El testimonio suscita vocaciones. 11

7. Agentes de la pastoral vocacional 13

7.1 El Espíritu Santo. 13

7.2 María, madre y modelo de cada vocación. 14

7.3 La Iglesia, madre de vocaciones. 14

7.4 El Obispo, primer responsable de la pastoral vocacional 15

7.5 La parroquia, centro de animación y promoción vocacional 16

7.6 Los sacerdotes y consagrados. 16

7.6 La escuela y universidad católica. 17

7.6 La familia, agente privilegiado de la pastoral vocacional 18

8. Itinerarios vocacionales. 21

8.1 Pastoral vocacional con niños. 21

8.2 Pastoral vocacional con adolescentes y jóvenes. 22

9. Pastoral vocacional en la Arquidiócesis de Guadalajara, Jalisco. 23

9.1 Agentes. 24

9.2 Formación. 24

9.3 Acompañamiento. 24

9.4 Itinerarios de la pastoral vocacional 25

Índice. 26


[1] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §33.

[2] Juan Pablo II, Don y Misterio. En el 50º aniversario de mi sacerdocio, Ciudad del Vaticano 1996.

[3] Cf. L. Telesca, «La spiritualità della vocazione sacerdotale. Concetto, problema e prospettive», Seminarium 1 (2009), 57-90; S. Majorano, «Il dialogo vocazionale: iniziativa di Dio e libera risposta dell’uomo», Seminarium 1/2 (2006), 247-266; PDV 36.

[4] Cf. H. Blaumeiser, «Le comunità ecclesiali (parrochhia, gruppi e movimenti»: vivai di vocazioni al sacerdocio e alla vida consacrata», Seminarium 4 (2004), 627-660.

[5] Benedicto XVI, Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Irlanda en visita «ad limina» (28 de octubre), Roma 2006.

[6] Cf. Congreso Internacional para los Animadores O.F.M. del Cuidado Pastoral de las Vocaciones. Instrumentum Laboris, «In Verbo tuo» (Assisi, S. Maria Angelorum, 7-29 Octobris 2000), Roma 2000,

[7] Cf. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza.

[8] Cf. PDV 8.

[9] Benedicto XVI, Incontro del Santo Padre con I giovani della Diocesi di Roma in preparazione alla XXI Giornata Mondiale della Gioventù. Colloquio di Sua Santità Benedetto XVI con i giovani, (Giovedì, 6 aprile), Piazza San Pietro 2006.

[10] Pío XI, Carta Encíclica «ad catholici sacerdotii». Sobre el sacerdocio católico (20 de diciembre), Roma 1935.

[11] Cf. R. García Moreno, «Jalones para un curso sobre pastoral de las vocaciones», Seminarium 1 (2007), 63-80.

[12] Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal. Pastores dabo vobis. Sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual (25 de marzo), Roma 1992.

[13] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997.

[14] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica «Novo Millennio Ineunte». Al concluir el Gran Jubileo del año 2000 (6 de enero), Roma 2001.

[15] Cf. R. García Moreno, «Jalones para un curso sobre pastoral de las vocaciones», Seminarium 1 (2007), 63-80.

[16] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §26.

[17] Cf. A. Battisti, «Fundamentos magisteriais acerca da preparação e formação dos agentes da pastoral vocacional», Seminarium 1 (2007), 101-146.

[18] Novo Millennio Ineunte 9.

[19] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §26.

[20] Novo millennio ineunte, 46. Cf. A. Battisti, «Fundamentos magisteriais acerca da preparação e formação dos agentes da pastoral vocacional», Seminarium 1 (2007), 101-146.

[21] Vaticano II, Decreto «Apostolicam actuositatem». Sobre el apostolado de los laicos, 2. Cf. Novo millennio ineunte, 46.

[22] Cf. DA 315.

[23] Cf. PDV 41; EAm 40

[24] Cf. DA 316.

[25] Cf. Mt 9,38.

[26] Cf. Benedicto XVI, Radiomessaggio del Papa Paolo VI per la I Giornata Mondiale delle Vocazioni (11 abril), Roma 1964.

[27] Cf. Benedicto XVI, La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana. Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (3 de mayo de 2009), Vaticano 20 de enero de 2009.

[28] Cf. A. Battisti, «Fundamentos magisteriais acerca da preparação e formação dos agentes da pastoral vocacional», Seminarium 1 (2007), 101-146.

[29] PDV 34.

[30] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §25.

[31] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §18abc.

[32] Cf. Benedicto XVI, «El Testimonio suscita vocaciones». Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (25 de abril), Roma 2010.

[33] Cf. Benedicto XVI, «El Testimonio suscita vocaciones». Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (25 de abril), Roma 2010.

[34] Ibídem.

[35] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §6.

[36] Cf. PDV 39.

[37] Benedicto XVI, Discurso a los sacerdotes de Aosta (25 julio) Aosta 2005.

[38] Cf. Tomás de Aquino, Super Sent., I.1,d.41,q.1,a.2,ad3, en L. Telesca, «La spiritualità della vocazione sacerdotale. Concetto, problema e prospettive», Seminarium 1 (2009), 57- 90.

[39] F. Ciardi, «Il “Vangelo della vocazione”: La “chiamata” di Andrea e Pietro (Gv 1,35-42), paradigma della pastorale vocazionale», Seminarium 1 (2007), 81-99.

[40] Cf. PDV 38; Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §23.

[41] Cf. A. Battisti, «Fundamentos magisteriais acerca da preparação e formação dos agentes da pastoral vocacional», Seminarium 1 (2007), 101-146.

[42] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §19.

[43] PDV 41.

[44] Cf. OT 2.

[45] Cf. A. Carrasco Rouco, Videoconferencia mundial de teología organizada por la Congregación vaticana para el Clero el 28 de abril de 2004 sobre las vocaciones sacerdotales.

[46] Cf. F. Ciardi, «Il “Vangelo della vocazione”: La “chiamata” di Andrea e Pietro (Gv 1,35-42), paradigma della pastorale vocazionale», Seminarium 1 (2007), 81-99.

[47] Benedicto XVI, Discurso en la inauguración de los trabajos de la Asamblea Diocesana de Roma (11 junio) Roma 2007.

[48] Cf. Toma de Aquino, Super Sent., I.1,d.41,q.1,a.2,ad3, en L. Telesca, «La spiritualità della vocazione sacerdotale. Concetto, problema e prospettive», Seminarium 1 (2009), 57- 90.

[49] Cf. F. Ciardi, «Il “Vangelo della vocazione”: La “chiamata” di Andrea e Pietro (Gv 1,35-42), paradigma della pastorale vocazionale», Seminarium 1 (2007), 81-99.

[50] Cf. A. Battisti, «Fundamentos magisteriais acerca da preparação e formação dos agentes da pastoral vocacional», Seminarium 1 (2007), 101-146.

[51] Cf. M.O. Llanos, «La dimensione vocazionale dell’Università Cattolica. Elementi per un’analisi», Seminarium 4 (2004), 695-726.

[52] J.M. Lecea, «Aportaciones de la escuela católica a la sociedad», Seminarium 1 (2005), 93-138.

[53] Ibídem.

[54] Pío XI, Carta Encíclica «ad catholici sacerdotii». Sobre el sacerdocio (20 de diciembre), Roma1935, 64.

[55] Pío XI, Carta Encíclica «ad catholici sacerdotii». Sobre el sacerdocio (20 de diciembre), Roma1935, 64.

[56] E. Royón, «La familia primer agente de la pastoral vocacional», Departamento de Pastoral Juvenil Vocacional de la Confer.

[57] Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §62.

[58] Cf. Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, Roma 2004; Id., Homilía en la visita pastoral a la parroquia romana de Jesús Obrero Divino (25 de octubre), Roma 1981.

[59] Cf. Juan Pablo II, Discorso del Santo Padre Giovanni Paolo II al pellegrinaggio dei chierichetti di Vicenza (5 settembre), Castel Gandolfo 1979.

[60] Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, Instrucción «Redemptionis Sacramentum». Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la la Santísima Eucaristía, 47.

[61] Juan Pablo II, Mensaje para la XXXII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (18 de octubre), Vaticano 1994.

[62] Ibid.

[63] Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa (In verbo tuo…). Documento final del Congreso al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa (5-10 de mayo), Roma 1997, §18.c.

[64] F. Kohn, La pastoral juvenil hoy:¿cómo responder a las expectativas de la Iglesia y de los jóvenes? Jornada Mundial de la Juventud: De Toronto a Colonia (10-13 de abril), Roma 2003.